
Preparar al perro para un bebé: los meses antes, no la semana antes
Un bebé cambia de golpe todo el día de un perro, y un perro que se encuentra con todos esos cambios la misma tarde los asocia al bebé. El trabajo son meses de pequeños ajustes hechos pronto, un puñado de habilidades concretas, y una regla que no se dobla nunca.
Casi todo lo que se escribe sobre perros y bebés se concentra en la presentación: la manta, el primer olfateo, el momento del recibidor. Ese momento importa mucho menos que los seis meses que lo rodean. Lo que de verdad determina cómo va esto es si la vida del perro cambia poco a poco desde ahora o cambia entera el día que llega un bebé. En el segundo caso el perro aprende algo que no pretendías enseñarle: que el bebé es la razón de que todo haya empeorado.
La otra cosa que conviene decir claro desde el principio es que esto es tanto un tema de seguridad como de adiestramiento. La mayoría de las mordeduras a niños pequeños vienen del perro de la propia familia, en la propia casa, con un adulto delante, y casi nunca son repentinas. Son el final de una secuencia que estaba a la vista y se pasó por alto. La preparación es lo que hace innecesaria esa secuencia.
Empieza por los cambios, y empieza pronto
Apunta todo lo que va a ser distinto en el día del perro cuando el bebé esté aquí, y luego empieza a hacer esos cambios ahora, de uno en uno, mientras no hay nada a lo que culpar. Las horas de paseo se moverán, así que muévelas ya. Si el perro va a dejar de dormir en tu habitación, saca su cama meses antes y no la noche en que vuelves a casa. Si va a pasar a pasearlo otra persona, que empiece. Si el perro está acostumbrado a compañía constante y va a estar más solo, constrúyelo con suavidad y pronto.
Lo mismo vale para la geografía física de la casa. Monta la cuna, el carrito y la habitación semanas antes y deja que el perro los investigue mientras son aburridos, en vez de que aparezcan de la noche a la mañana como objetos nuevos y emocionantes que llegan con un bebé. Decide qué habitaciones serán zona sin perro y pon las barreras pronto, para que una puerta cerrada sea una regla vieja y no un castigo nuevo.
Si tu perro va a caminar menos de lo que camina ahora — y sé honesto, va a ser así —, ese déficit tiene que salir de algún sitio. Los paseos de olfato, los juguetes de comida y las sesiones cortas de entrenamiento cuestan menos tiempo que un paseo largo y cansan a un perro más de lo que la mayoría espera. Un perro que ha usado la cabeza es mucho más fácil de llevar que uno al que solo han marchado por la manzana.
Enseña las habilidades concretas
Tres habilidades hacen casi todo el trabajo, y las tres se enseñan mejor una tarde tranquila que con un recién nacido en casa. La primera es el relajarse en una manta: el perro va a su colchoneta y se queda allí, tranquilo, mientras la vida ocurre. Constrúyelo despacio y premia la calma más que la obediencia, porque lo que quieres es un perro que encuentre descanso en tumbarse, no uno que aguante una posición. La segunda son cuatro patas en el suelo con las personas, que es el problema de saltar encima en una forma que de pronto importa cuando alguien lleva a un bebé en brazos. La tercera es un déjalo fiable y una llamada sólida, porque un perro que viene cuando lo llaman se puede sacar de una situación sin enfrentamiento.
Ensaya lo que al perro le va a parecer raro. Sal a pasear con el carrito vacío para que deje de ser novedad. Lleva en brazos un muñeco o una toalla enrollada, siéntate con él en el sofá, déjalo, cógelo, y premia al perro por quedarse tranquilo. Pon grabaciones de un bebé llorando, primero bajito y durante semanas, emparejadas con algo bueno, hasta que el sonido no anuncie nada en particular. Usa las cremas y lociones en ti mismo dos semanas antes, para que el olor ya forme parte de la casa.
La llegada a casa, en la práctica
Que la llegada sea corriente. Que otra persona entre con el bebé mientras tú saludas al perro con normalidad, porque un perro que lleva días sin verte estará excitado y esa excitación se gasta mejor contigo que junto a un capazo. No montes una presentación formal; deja que el perro investigue a distancia, con la correa floja, y termina el encuentro mientras todavía va bien en vez de esperar a que deje de ir bien.
Luego, durante las semanas siguientes, vigila qué aprende el perro a asociar con el bebé. La costumbre más útil de todo el asunto es darle cosas buenas al perro mientras el bebé está presente: un mordedor cuando te sientas a darle de comer, atención mientras el bebé está en la habitación y no solo cuando duerme. Es una cosa pequeña repetida cientos de veces, y construye exactamente la asociación que quieres.
La regla que no se dobla
No dejes nunca a un perro y a un bebé o a un niño pequeño solos, y dilo en serio. Ni este perro, ni un minuto, ni mientras abres la puerta. La supervisión además tiene que ser real: un adulto en la habitación mirando el móvil no está supervisando, porque el sentido de estar ahí es ver las señales tempranas e interrumpir mucho antes de que pase nada. Si no puedes mirar, sepáralos: una barrera, una puerta cerrada, un perro tumbado tranquilo al otro lado del cuarto.
Aprende las señales y tómatelas en serio. Un perro que se lame los labios, bosteza, gira la cabeza, se queda congelado o enseña el blanco del ojo cerca del bebé está pidiendo espacio, y la respuesta correcta es dárselo, de inmediato y sin drama. Sobre todo, no castigues nunca un gruñido: un gruñido es información, y un perro al que se le enseña que gruñir trae problemas es un perro que la próxima vez se salta el aviso. Todo el asunto de leer el lenguaje corporal del perro conviene aprenderlo antes de que llegue el bebé y no después.
Atiende a los puntos de conflicto concretos y no a una sensación general. La comida, los mordedores y las camas son donde aparece la protección de recursos, y un niño gateando hacia un cuenco es el escenario clásico. Los perros dormidos se sobresaltan. Los perros en espacios estrechos se sienten atrapados. Y la fase para la que hay que prepararse más a fondo no es el recién nacido sino el niño que anda: una persona pequeña que se mueve de forma impredecible, agarra y llega a la altura de la cara es una exigencia mucho mayor para un perro que un bulto que se queda donde lo dejan.
Pide ayuda pronto, no esperes a ver
Si tu perro ha gruñido alguna vez a un niño o ha tirado un bocado cerca de uno, tiene miedo a los niños, protege comida o sitios, o es ansioso en general, mete a un especialista en comportamiento durante el embarazo y no después de un incidente. Este es el terreno donde esperar a ver qué pasa es mal plan, porque el coste de equivocarse es alto y el trabajo lleva meses. La vía habitual es una derivación a través de tu veterinario, y conviene pedirla pronto.
Y guarda algo de perspectiva. La mayoría de los perros y la mayoría de los bebés conviven bien, y conviven bien porque la casa hizo una serie de ajustes poco llamativos a lo largo de varios meses, no porque el perro fuera naturalmente bueno con los niños. La preparación es la razón de que salga bien, no una señal de que esperas que salga mal.
¿Cuándo debo empezar a preparar al perro para el bebé?
Meses antes del parto, no la semana anterior. La idea es que cada cambio en el día del perro — horas de paseo, dónde duerme, quién hace qué, qué habitaciones quedan vetadas — ocurra poco a poco y pronto, para que nada coincida con la llegada del bebé. Un perro que se encuentra todos los cambios a la vez los asocia al bebé.
¿Cómo presento mi perro a un recién nacido?
Sin dramatismo. Que otra persona entre con el bebé mientras tú saludas al perro con normalidad, y luego deja que investigue a distancia con la correa floja y termina mientras todavía va bien. La presentación importa mucho menos que las semanas de antes y de después: lo que cuenta es que al perro le sigan pasando cosas buenas mientras el bebé está cerca.
¿Qué debo enseñar al perro antes de que llegue el bebé?
Relajarse en una manta, cuatro patas en el suelo con las personas, y un déjalo fiable con una buena llamada. Ensaya con el carrito vacío, con un muñeco o una toalla enrollada, y con grabaciones de un bebé llorando puestas bajito y emparejadas con algo bueno, para que nada sea nuevo cuando sea real.
¿Es seguro dejar al perro solo con el bebé alguna vez?
No. Ni ese perro, ni un minuto, ni mientras abres la puerta. La supervisión además tiene que ser activa: un adulto en la habitación con el móvil no está supervisando, porque el sentido es ver las señales tempranas e interrumpir mucho antes. Si no puedes mirar, sepáralos con una barrera o una puerta.
Mi perro le ha gruñido al bebé, ¿qué hago?
No lo castigues. Un gruñido es información, y un perro al que se le enseña que gruñir trae problemas se salta el aviso la próxima vez. Dale espacio de inmediato y luego mete a un especialista en comportamiento a través de tu veterinario, en vez de esperar a ver si se repite.
¿Qué es más difícil para un perro, un recién nacido o un niño que anda?
El que anda, con diferencia. Un recién nacido se queda donde lo dejan; un niño que anda se mueve de forma impredecible, agarra y llega a la altura de la cara del perro. Las casas suelen relajarse después del primer año, que es precisamente cuando la supervisión y las reglas de espacio más importan.