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Cuando un gato deja de comer, y por qué urge antes de lo que se cree

Cuando un gato deja de comer, y por qué urge antes de lo que se cree

Un perro puede saltarse una comida sin mayor consecuencia. Un gato que deja de comer vive con un reloj más rápido — un par de días sin alimento puede poner su hígado en riesgo real. Aquí va por qué, y cuándo dejar de esperar y llamar al veterinario.

Es fácil dar por hecho que un gato que arruga el hocico ante el cuenco está siendo sencillamente un gato, y concederle un día o dos a ver si se le pasa.

Con los gatos esa suposición es la peligrosa, porque un gato que no come no va en la misma escala de tiempo que un perro que se salta el desayuno.

El reloj de un gato corre más rápido

Cuando un gato deja de ingerir alimento, su cuerpo empieza a mandar grasa almacenada al hígado para sacar energía, y el hígado de un gato lleva mal esa avalancha.

En un animal que iba cargando peso de más el proceso puede desbordar al órgano en cuestión de días: un cuadro grave que tu veterinario reconoce y trata, pero que es muchísimo más fácil de prevenir que de revertir. No es un peor escenario raro; es la razón de que los veterinarios traten la pérdida de apetito felina como una urgencia.

Lo cruel es el bucle que crea. Un gato que se encuentra mal deja de comer, el hígado se sobrecarga, la sobrecarga hace que el gato se encuentre peor, y come todavía menos. Una vez que eso arranca, conseguir que el gato vuelva a comer es tanto el tratamiento como cualquier otra cosa — y por eso el momento útil es el anterior a que el bucle se cierre, no el posterior.

El peso lo empeora en lugar de amortiguarlo, cosa que sorprende. Un gato rellenito tiene más grasa que movilizar y corre más riesgo que uno delgado, así que «bien puede permitirse saltarse unas comidas» es exactamente el instinto equivocado.

Cuánto es demasiado

Un gato que no come nada durante un día, o que come notablemente menos varios días seguidos, ha pasado de tiquismiquis a merecer una llamada.

Adelanta la llamada si el gato además se esconde, babea, vomita o pierde peso a ojo. Aquí no hay ningún remedio casero al que recurrir primero — la gracia de actuar pronto es que pronto es cuando más sencillo resulta arreglarlo.

Los gatitos tienen muchísimo menos margen todavía: un gatito que no come es una llamada para el mismo día, porque casi no tiene reservas y puede caer en hipoglucemia en horas. Un gato anciano, un gato diabético o uno que ya esté en tratamiento por otra cosa entran en la misma categoría.

Darse cuenta siquiera, que es el problema más difícil

En una casa con un solo gato esto es fácil. En una casa con dos o tres, o con un gato que además sale a la calle, la pérdida de apetito puede durar días antes de que nadie lo note.

Así que conviene saber cuál es de verdad la normalidad de tu gato. Cuánto come al día más o menos, si vacía el cuenco o va picoteando, y a qué hora lo pide. Dar de comer a los gatos por separado — aunque solo sea en habitaciones distintas — convierte una impresión vaga en un dato, y un cuenco que el otro gato ha vaciado en silencio es la forma más común de que un problema pase desapercibido.

El peso es la red de seguridad. Un gato puede perder una cantidad sorprendente bajo un pelo largo antes de parecer flaco, así que pasarle la mano por la columna y las costillas una vez por semana, o pesarlo al mes en una báscula de cocina con el transportín, pilla lo que al ojo se le escapa. Cualquier pérdida que puedas medir merece mencionarse.

Muchas causas, un mismo paso siguiente

La pérdida de apetito se monta encima de casi cualquier cosa — dolor dental, náuseas, estrés por un cambio en casa o una enfermedad de verdad —, y ese abanico de posibilidades es precisamente por qué adivinar es el movimiento equivocado.

Un gato que no come es una señal para que la miren, no un acertijo que resolver en casa, y el veterinario es quien puede distinguir un enfurruñamiento de un síntoma.

Hay unas cuantas causas que conviene conocer porque son frecuentes y se pasan por alto con facilidad. La enfermedad dental, sobre todo esa dolorosa reabsorción de los dientes que les da a los gatos, hace que comer duela — un gato que se acerca al cuenco, come un poco y se marcha, o que mastica de un solo lado, o que se le cae la comida, muchas veces tiene dolor y no desinterés. La enfermedad renal, el hipertiroidismo y la diabetes aparecen todos por aquí y todos compensan pillarlos pronto. También un cuerpo extraño tragado, sobre todo en un gato que además vomita.

El estrés es una causa real y no una de segunda. Una mudanza, un bebé nuevo, un gato nuevo del vecindario que usa la gatera, una obra o un cambio de sitio del comedero pueden echar todos para atrás a un gato — pero el estrés es un diagnóstico al que se llega después de que un veterinario haya descartado lo demás, no antes.

Cosas que vale la pena probar mientras consigues la cita

Nada de esto sustituye a la llamada, y nada de esto es un motivo para retrasarla. Pero algunas ayudan, y un par importan de verdad.

Calienta la comida un poco, hasta más o menos la temperatura corporal, lo que levanta el olor — el olfato mueve el apetito felino mucho más que el gusto, y un gato con la nariz taponada por un virus a menudo sencillamente no consigue encontrar apetecible la comida. Ofrécele algo de olor fuerte que le guste. Pon el cuenco en un sitio tranquilo, lejos de la bandeja y lejos del otro gato, y usa un plato ancho y poco hondo, porque a algunos gatos les molesta que los bigotes rocen las paredes.

No lo mates de hambre para que coma. La vieja idea de dejarlo hasta que ceda es genuinamente peligrosa en esta especie. Del mismo modo, no cambies a un alimento completamente nuevo durante una enfermedad si puedes evitarlo — un gato que se encuentra mal mientras come algo desarrolla una aversión duradera a ese algo, y ese alimento lo vas a querer disponible más adelante.

Y nunca le des medicamentos humanos. El paracetamol es letal para los gatos en dosis muy pequeñas, y existen antieméticos y estimulantes del apetito para gatos que se recetan exactamente para esto — una razón más de que el veterinario sea el atajo y no el último recurso.

Qué hará probablemente el veterinario

Saber más o menos qué viene después hace más fácil decidirse a llamar.

Cuenta con una exploración que incluya la boca, una comprobación del peso contra el último anotado y, normalmente, analítica de sangre y de orina, porque las causas frecuentes se diagnostican ahí y no mirando. El tratamiento empieza a menudo antes de confirmar la causa: fluidos para la deshidratación, algo para las náuseas, analgesia si la boca duele y un estimulante del apetito.

Si el gato sigue sin comer, a veces se recomienda una sonda de alimentación, y conviene saber que eso suena muchísimo peor de lo que es. Una sonda estrecha colocada bajo sedación te permite alimentar y medicar al gato en casa sin pelea, suele ser temporal, y en un gato con hígado graso es con frecuencia lo que da la vuelta al caso. Los dueños que la temen cuentan después, casi siempre, que fue la parte más fácil.

¿Cuánto puede estar un gato sin comer sin riesgo?

No mucho — un gato que no come nada durante un día, o mucho menos de lo habitual durante varios días, justifica una llamada al veterinario. Los gatos se arriesgan a un cuadro hepático grave cuando dejan de comer, así que esto se trata con más urgencia que en los perros. Los gatitos tienen aún menos margen y necesitan una llamada el mismo día.

Mi gato se ha saltado una comida, ¿debo preocuparme?

Una comida perdida en un gato por lo demás despierto y normal se puede vigilar un rato sin drama. Rechazar la comida durante un día entero, o comer poco varios días, o cualquier signo de enfermedad al lado, es motivo para llamar al veterinario en vez de esperar.

¿Por qué es más grave que no coma un gato que un perro?

Porque el hígado de un gato lleva mal la avalancha de grasa que el cuerpo libera cuando deja de comer, y en gatos con sobrepeso eso puede volverse peligroso en cuestión de días. Los perros toleran mucho mejor un ayuno corto.

¿Está más protegido un gato con sobrepeso si deja de comer?

Al revés. Un gato más pesado tiene más grasa que movilizar y corre más riesgo de que el hígado se desborde, así que «bien puede permitirse saltarse unas comidas» es exactamente el instinto equivocado con los gatos.

¿Cómo sé que mi gato no come si tengo varios?

Dales de comer por separado, aunque solo sea en habitaciones distintas, para ver qué toma cada uno de verdad — un cuenco vaciado en silencio por el otro gato es la forma más común de que esto pase desapercibido. Pásale la mano por la columna y las costillas cada semana, porque un pelo largo esconde mucha pérdida de peso.

¿Qué puedo probar para que mi gato coma?

Calienta la comida hasta más o menos la temperatura corporal para levantar el olor, ofrécele algo de aroma fuerte que le guste y pon el cuenco en un sitio tranquilo, lejos de la bandeja y del otro gato. No intentes matarlo de hambre para que coma, que en gatos es genuinamente peligroso, y no introduzcas un alimento completamente nuevo durante una enfermedad.

¿No será solo estrés?

Puede serlo — una mudanza, un bebé nuevo, una obra o un gato desconocido en la gatera echan para atrás a los gatos. Pero el estrés es una conclusión a la que se llega después de que un veterinario haya descartado el dolor dental, la enfermedad renal, el hipertiroidismo, la diabetes y lo demás, no un motivo para esperar a ver.

¿Qué hará el veterinario si mi gato no come?

Explorarlo, boca incluida, comprobar el peso contra el último registrado y normalmente hacer analítica de sangre y de orina. El tratamiento empieza a menudo antes de confirmar la causa — fluidos, medicación contra las náuseas, analgesia, un estimulante del apetito. A veces se aconseja una sonda de alimentación temporal, y se convive con ella mucho mejor de lo que suena.