
Ladridos: averigua la causa antes de intentar callarlos
Un perro que ladra a la ventana y un perro que ladra solo en casa necesitan soluciones opuestas, y algunas razas fueron criadas para dar voz a propósito. Silenciar el sonido sin leer el motivo suele empeorarlo.
El ladrido es la queja que llena los teléfonos de consulta de comportamiento, y lo que se contesta desde el otro lado casi nunca va sobre el ladrido.
Un ladrido es un mensaje. El mensaje cambia de un perro a otro, y a menudo cambia de una hora a la siguiente dentro del mismo perro, que es justo la razón por la que ningún truco único para cortarlo funciona mucho tiempo. Lo que sí funciona es enterarse de qué se está diciendo y ocuparse de eso.
Un ladrido es un síntoma
El mismo sonido cubre causas muy distintas entre sí. Está el ladrido de aviso a lo que pasa por delante de la ventana; el ladrido plano y repetido del perro que tiene demasiado poco que hacer; el ladrido que ha aprendido que sirve para convocarte; y el ladrido desbocado del perro que está asustado o que no lleva bien quedarse solo.
Cada uno de ellos pide una respuesta diferente, y tratarlos a todos como un ruido único que hay que castigar tiende a subir el volumen en vez de bajarlo. Peor todavía: los dos que más importan — el miedo y la angustia de quedarse solo — son precisamente los dos que peor responden a que los aplasten.
Cómo averiguar cuál tienes tú
Las pruebas están en el momento en que aparece y en la forma del sonido, y unos pocos días de prestar atención suelen bastar para decidirlo.
El ladrido de aviso viene a ráfagas, enganchado a algo que acaba de ocurrir: una furgoneta, el telefonillo, un gato en la tapia. Se acaba cuando el disparador se aleja. El perro suele estar de cara a la cosa, con las orejas hacia delante, y tiene un aspecto perfectamente operativo.
El ladrido de aburrimiento es rítmico y sin prisa, muchas veces desde una postura ya acomodada, y puede durar largo rato sin subir de intensidad. Aparece sobre todo en la parte muerta del día, cuando no ha pasado nada en horas.
El ladrido de demanda va dirigido a ti. La pista que lo delata es que el perro comprueba si está surtiendo efecto: un ladrido, luego una mirada, luego otro ladrido. Se para en seco si sacas comida o la correa, y no hay diagnóstico más limpio que ese.
Y el ladrido de angustia suena distinto de los tres anteriores: más agudo, más urgente, a ratos entreverado de aullidos o de gimoteos, y ocurre cuando estás fuera o a punto de salir. Si no sabes cuál tienes, un móvil grabando una hora en tu ausencia te dirá más que cualquier cantidad de conjeturas.
Algunas razas se criaron para ser ruidosas
Antes de tratar el ladrido como un defecto, comprueba si no será una prestación. Un sabueso de rastro se crió para dar voz de manera que el cazador pudiera seguirlo; varios terriers y varias razas spitz se criaron para dar la alarma y están orgullosos del oficio. Las fichas de raza llevan una nota de tendencia al ladrido tomada de datos de raza publicados, así que una raza habladora por naturaleza no es ninguna sorpresa después de haberla elegido. Esperar silencio de un perro criado por su voz es un desajuste, no un fallo del perro.
Eso no significa que tengas que aceptar ruido ilimitado de una raza habladora. Significa que cambia el objetivo: episodios menos frecuentes y más cortos en vez de silencio, y un perro que para cuando se lo pides en vez de un perro que no empieza nunca.
Ajustar la solución a la causa
Una vez que sabes el porqué, la solución viene sola.
El ladrido de aviso se calma gestionando el disparador — tapa la vista, o enseña una respuesta tranquila ante ella — y no gritando por encima, que para el perro se parece bastante a que te sumes. Un vinilo pegado en la mitad inferior de una ventana es la intervención más eficaz que existe para la mayoría de los ladradores de salón, y se hace en diez minutos.
El ladrido de aburrimiento responde al ejercicio y a tener algo que roer o que olfatear, no a la corrección. Comida esparcida por el patio, un juguete relleno que cuesta veinte minutos vaciar, un paseo olfativo de verdad en lugar de una marcha a paso ligero: todo eso hace más que cualquier cantidad de broncas.
El ladrido de demanda se apaga cuando deja de dar resultado, y eso quiere decir no mirar, no hablar y no tocar hasta que pare. Es más difícil de lo que suena, porque casi siempre empeora antes de mejorar: una conducta que funcionaba y de pronto deja de funcionar se intenta primero con más ganas. Si cedes justo en ese punto, lo que has enseñado es insistencia, que es exactamente lo contrario de lo que buscabas.
Y el ladrido del perro asustado o angustiado por la separación es el que hay que tomarse en serio. Castigarlo ahonda el miedo, y merece la pena buscar ayuda de un veterinario o de un profesional cualificado en comportamiento antes que de un aparato.
Enseñar el silencio como es debido
Existe una versión de la señal de silencio que funciona, y no es la que casi todo el mundo prueba primero. Gritarle la palabra a un perro que está ladrando no enseña nada, salvo que tú también haces ruido.
El método fiable se apoya en el propio ladrido. Espera una pausa — todos los perros paran a respirar — y marca ese instante con una palabra y con algo bueno. Repite hasta que la pausa se alargue, y solo entonces cuélgale la señal. Estás pagando el silencio en vez de castigar el sonido, y funciona porque el silencio es una conducta que el perro puede ofrecerte.
Ayuda mucho haberle enseñado antes algo que hacer en su lugar. Un perro al que le han pagado por irse a su colchoneta cuando suena el telefonillo tiene una alternativa; un perro al que solo le han gritado no tiene ninguna, y gritarle a un perro sin alternativa es pedirle que resuelva un problema para el que no le has dado herramientas.
Lo que no hay que usar
Los aparatos aversivos — collares de descarga y de spray entre ellos — atacan el sonido y dejan intacto el motivo, y en un perro ansioso añaden una cosa nueva a la lista de lo que hay que temer. La vía humana es más lenta y dura: averigua qué está diciendo el perro y luego cambia eso.
Hay una objeción práctica además de la ética. Un collar que castiga el ladrido lo castiga en todas partes, incluido el ladrido que te estaba contando algo útil, y un perro que ha aprendido a no avisar es un perro que pasa de estar incómodo a tirar un bocado sin nada por el medio.
Cuando empeora de golpe
Un cambio en el ladrido merece atención, y más todavía en un perro mayor.
Un ladrido que arranca de manera brusca, que aparece de noche o que va dirigido a algo que nadie más ve puede tener causa física: dolor, oído que falla, vista que falla, o los cambios cognitivos que trae la edad. Un animal cuyas costumbres llevaban años siendo estables y de pronto dejan de serlo te está diciendo algo, y ahí la primera parada correcta es el veterinario y no un plan de entrenamiento.
La adolescencia produce un aumento de otro tipo: entre los seis y los dieciocho meses muchos perros se vuelven más ruidosos y más reactivos, según el mundo empieza a importarles. Ese se pasa solo, siempre que no se haya estado ensayando a diario desde una ventana durante medio año.
Convivir con los vecinos
Conviene decirlo sin rodeos, porque muchas veces es el motivo real por el que alguien está leyendo esta página a medianoche. El ladrido persistente es una queja legítima, y en la mayor parte de los sitios es una queja sobre la que la administración local puede actuar.
Lo que ayuda son las cosas aburridas: avisa a los vecinos de que estás trabajando en ello, pregúntales a qué horas ocurre en vez de suponerlo, y ocúpate del ladrido diurno que tú no oyes y no solo del ladrido de la tarde que sí oyes. La mayoría de las quejas vienen de perros que ladran solos durante la jornada laboral, y sus dueños no lo han oído ni una sola vez.
Una grabación es lo más útil que puedes hacer de una sola vez. Te dice si tienes un perro aburrido o un perro angustiado, y esos dos piden respuestas verdaderamente opuestas.
¿Cómo hago que mi perro deje de ladrar?
Averigua primero por qué ladra: aviso, aburrimiento, demanda y miedo piden respuestas distintas. Una solución dirigida a la causa equivocada suele empeorar las cosas, y no hay ningún truco único que sirva para las cuatro.
¿Hay razas de perro más habladoras por naturaleza?
Sí. Los sabuesos de rastro se criaron para dar voz y varias razas de terrier y de tipo spitz para dar la alarma, así que una tendencia alta al ladrido es un rasgo de raza y no un fracaso del adiestramiento. Las fichas de raza llevan una nota para esto.
¿Funcionan los collares antiladridos?
Puede que supriman el sonido, pero no hacen nada con el motivo, y en un perro asustado o ansioso empeoran la situación al añadir algo nuevo que temer. Para esos casos la vía buena es un veterinario o un profesional cualificado en comportamiento.
¿Cómo se enseña la señal de silencio?
Paga la pausa en vez de castigar el ruido. Espera la respiración que todo perro que ladra tiene que tomar, marca ese instante con una palabra y con algo bueno, y construye desde ahí. Gritarle la palabra a un perro que ladra solo añade otra voz al ruido.
Mi perro ladra cuando no estoy, ¿qué significa?
Grábalo y escúchalo. Un ladrido rítmico y sin prisa a lo largo del día suele ser aburrimiento; un ladrido más agudo y más urgente que arranca poco después de que te vayas, a menudo con aullidos o gimoteos, apunta a angustia y merece un veterinario o un profesional cualificado antes que un aparato.
¿Por qué mi perro viejo ha empezado a ladrar a la nada?
Un cambio repentino en un animal cuyas costumbres llevaban años estables merece la opinión de un veterinario antes que un plan de entrenamiento. El oído que falla, la vista que falla, el dolor y los cambios cognitivos de la vejez pueden producirlo, y ninguno de ellos responde a la corrección.