
Cuando pararse cada pocos pasos no funciona: los casos difíciles del tirón
El método de parar y esperar es el correcto, y con algunos perros se atasca. Un perro fuerte, uno reactivo, un adoptado con años de práctica y un cachorro fallan cada uno de una manera distinta; aquí está qué cambiar en cada caso.
Casi todas las guías sobre el tirón te dan la misma regla, y la regla es correcta: una correa tensa detiene el paseo, una floja lo continúa. El método completo está explicado aquí, y con un perro corriente y una calle tranquila funciona.
Esta página va de los perros con los que no funciona, o con los que todavía no funciona. Porque hay muchísimos dueños que aplican la regla con toda honradez durante seis semanas, no llegan a ninguna parte y concluyen que el fracaso es suyo o del perro, cuando en realidad están usando un método correcto contra un problema para el que no se construyó.
Cuatro situaciones explican casi todos los casos. Fallan de maneras distintas y necesitan cambios distintos.
El perro que sencillamente es más fuerte que tú
Pararse en seco solo le enseña algo a un perro si de verdad puedes pararte. Con un perro de cuarenta kilos y una acera mojada, lo que pasa en su lugar es que patinas unos centímetros hacia delante cada vez, y el perro aprende que tirar sigue haciendo avanzar el paseo: despacio, pero avanza.
Aquí el cambio es de material, y no es hacer trampa. Un arnés con anilla frontal desvía de lado la inercia del perro que tira en lugar de dejarle empujar en línea recta, y esa es la diferencia entre que tú seas un ancla y que seas un trineo. A algunos perros les va mejor un cabezal, aunque exige quince días de presentación cuidadosa antes de usarlo en un paseo de verdad: pónselo de golpe a un perro que no lo ha visto nunca y te pasarás el paseo lidiando con el cabezal en lugar de con el tirón.
El segundo cambio es el terreno donde practicas. Hierba en vez de acera mojada, una pared a tu espalda, las dos manos en la correa y esta anclada cruzada sobre tu cuerpo en vez de sostenida con el brazo estirado. No estás intentando tirar más que el perro; estás intentando ser lo bastante inamovible como para que la lección cale.
Y un tercer cambio que sirve de verdad: pídele a otra persona que lleve la correa durante una sesión y quédate mirando. Los dueños de perros fuertes descubren casi siempre que llevaban todo el rato afianzándose y echándose hacia atrás, que es el reflejo de oposición trabajando en su contra sin descanso.
El perro que no tira hacia las cosas, sino en dirección contraria
Este es el que más se diagnostica mal, y tratarlo como un tirón corriente lo empeora.
Un perro que se lanza, que escanea el entorno, que tira a ráfagas y que no puede aceptar comida en la calle no está siendo desobediente con la correa. Está asustado, o sobreactivado, o las dos cosas. El método de parar y esperar depende de que el perro quiera ir hacia delante y sea capaz de pensar; un perro pasado de umbral lo que quiere es largarse, y no está pensando en absoluto.
La señal delatora es la comida. Un perro que coge un premio encantado en la cocina y no toca ninguno en la acera te está diciendo con toda claridad que no está en estado de aprender. Nada de lo que entrenes en esa condición se queda, porque aprender necesita un cerebro que no esté ocupado.
El cambio es distancia y no técnica. Trabaja donde el perro pueda ver aquello que le preocupa y aun así comer — puede que sean ochenta metros, y no pasa nada — y págale por fijarse en la cosa y elegir volver contigo. El trabajo de correa vuelve más tarde, cuando el perro pueda estar en la calle sin estar por dentro en tensión máxima. Este es el único caso de esta página en el que un profesional cualificado en comportamiento se gana rápido lo que cobra, y en el que equivocarse durante meses hace daño de verdad.
El adoptado que lleva seis años tirando
Un hábito reforzado a lo largo de miles de paseos no se deshace en quince días, y el consejo habitual subestima lo lento que es este caso.
Lo que derrota a la mayoría de los dueños aquí no es el perro, es la aritmética de la semana. Haces tres paseos de entrenamiento cuidadosos y cuatro corrientes, en los que hay que dar la vuelta a la manzana antes de entrar a trabajar, y en esos cuatro tirar funciona. El perro está aprendiendo las dos lecciones a la vez y los paseos corrientes son más numerosos que los de entrenamiento.
El cambio consiste en dejar de intentar entrenar en todos los paseos y separar del todo los dos trabajos. Ten paseos de entrenamiento, cortos y lentos, donde la regla sea absoluta. Y ten paseos de salir y vaciar, donde aceptas el tirón, lo gestionas con un arnés de anilla frontal y no enseñas nada. Un perro distingue los dos antes de lo que la gente espera, sobre todo si usas un arnés distinto o una correa distinta para cada uno.
También ayuda bajar el listón de lo que cuenta como éxito. No un paseo entero con la correa floja: los primeros veinte metros desde la puerta de casa. Consigue que eso sea fiable, y luego treinta. Un perro que lleva seis años tirando no te va a dar este mes un paseo flojo, y sí te va a dar un arranque flojo.
El cachorro que tira porque todo es nuevo
Un cachorro que tira no es un problema de adiestramiento en el sentido corriente; es un animal pequeño en mitad de la hora más interesante de su vida, todavía sin control de impulsos porque el equipamiento para tenerlo no ha terminado de crecer.
El error aquí es aplicar un método serio demasiado pronto y convertir los paseos en un arranca y para que no le gusta a ninguno de los dos. El segundo error es el contrario: dejar que el cachorro te remolque mientras pesa lo bastante poco como para que dé igual, y empezar el trabajo de verdad a los nueve meses, cuando pesa treinta kilos y el hábito ya está hecho.
El cambio es hacer el trabajo fuera del paseo. Practica el caminar con correa floja dentro de casa y en el jardín, donde nada compite por su atención, en tandas de noventa segundos varias veces al día. Y luego deja los paseos de verdad cortos y que buena parte de ellos sea olfatear en lugar de marchar: un cachorro que ha tenido veinte minutos para leerse el seto es un cachorro con mucho menos hacia lo que tensar.
Dos cosas que rompen el método calladamente, sea cual sea el perro
La primera es la correa extensible. Le enseña al perro que apoyarse contra la correa le amplía el radio — exactamente la lección contraria — y no hay parar y esperar que sobreviva a un material que premia la tensión por diseño. Correa fija de unos dos metros, en todos los paseos, mientras entrenas.
La segunda es la casa. Si una persona se para en seco con la correa tensa y otra sigue andando, el perro no está aprendiendo una regla poco fiable: está aprendiendo que la regla depende de quién lleve la correa, que es una cosa perfectamente sensata de aprender para un perro y un desastre para tu entrenamiento. Todo el que saque al perro tiene que aplicar la misma regla, incluido el vecino que se encarga de los martes.
Qué aspecto tiene el progreso de verdad
No una línea recta, y no una correa floja. Lo primero que mejora es la recuperación: el perro sigue arrancando hacia delante, pero vuelve contigo antes. Luego los arranques se acortan. Luego aparecen tramos de correa floja entre unos y otros. Luego los tramos se juntan.
Si quieres saber si estás llegando a alguna parte, cuenta algo en vez de juzgar el paseo en bloque. ¿Cuántas veces se tensó la correa en los dos primeros minutos? Apúntalo durante quince días. Casi todo el que hace esto descubre que ha mejorado bastante más de lo que le parecía, porque un paseo se recuerda por su peor momento y una cuenta no.
Cuándo pedir ayuda
Tres señales, y ninguna de ellas es un fracaso.
Si el perro no puede aceptar comida en la calle, eso es activación o miedo y no modales de correa, y es el caso en el que una buena ayuda profesional cambia más el desenlace. Si te están tirando al suelo, o te duele el hombro, eso es un problema de seguridad y hay que resolverlo esta semana en vez de entrenarlo a lo largo de meses. Y si llevas dos meses siendo de verdad constante sin ningún cambio en el tiempo de recuperación, algo del planteamiento está mal, y una hora con un adiestrador cualificado mirándote pasear lo encontrará antes que otros dos meses.
Lo que nada de esto necesita es un collar que haga daño. El material que funciona por dolor suprime el tirón mientras le enseña al perro que la calle es donde pasan cosas desagradables, y con el perro reactivo del segundo apartado hace precisamente el daño que más cuesta deshacer.
Llevo parándome cada vez que la correa se tensa y no ha cambiado nada. ¿Qué estoy haciendo mal?
Probablemente nada de la técnica. Comprueba antes tres cosas: si físicamente puedes parar al perro, si el perro puede aceptar comida en la calle, y si todos los paseos aplican la misma regla. Un método usado en tres paseos a la semana y abandonado en cuatro le enseña al perro que tirar funciona la mayor parte del tiempo.
Mi perro es demasiado fuerte para que yo pueda pararlo. ¿Qué uso?
Un arnés con anilla frontal, que desvía de lado al perro que tira en vez de dejarle empujar hacia delante, o un cabezal presentado con cuidado a lo largo de quince días antes de usarlo en un paseo de verdad. Ancla la correa cruzada sobre tu cuerpo en lugar de sostenerla con el brazo estirado, y practica sobre hierba y no sobre acera mojada.
¿Cómo distingo el tirón de emoción del tirón de miedo?
Ofrécele comida. Un perro que come encantado dentro de casa y no acepta nada en la calle no está en condiciones de aprender, y ese tirón es activación o miedo, no modales de correa. Ese caso pide distancia de lo que le preocupa, no más trabajo de correa, y es donde un profesional cualificado en comportamiento vale lo que cuesta.
¿Un perro mayor que ha tirado toda la vida todavía puede aprender?
Sí, pero despacio, y la razón habitual de que no lo haga es la semana y no el perro. Separa los paseos de entrenamiento de los paseos para llegar a un sitio, usa un arnés distinto para cada uno y baja el objetivo a los primeros veinte metros desde la puerta en vez de al paseo entero.
¿Tan mala es de verdad la correa extensible?
Con un perro al que estás entrenando, sí. Premia la tensión por diseño — apoyarse contra la correa es exactamente como el perro consigue más radio — así que enseña lo contrario de lo que intenta construir cualquier método de esta página. Correa fija de dos metros mientras entrenas.
¿Cómo sé si estoy progresando?
Cuenta las veces que se tensa la correa en los dos primeros minutos de paseo y apúntalo durante quince días. El tiempo de recuperación mejora antes de que aparezca el caminar con correa floja, y un paseo se recuerda por su peor momento, así que la cuenta suele enseñar un progreso que la sensación del paseo esconde.